En Castilla el invierno no perdona: las heladas, la niebla y ese frío seco hacen que sea difícil soportarlo. Por eso, decidimos hacérselo más fácil a Lisa, la perrina que nos vigila la casa y que hace de modelo para algunas de nuestras fotos.

No fue complicado: un día fuimos al taller de Federico Luis y le pedimos restos de tablas de palé de cualquier tamaño, algún clavo, algún tornillo y una caja de cartón que iba a tirar a la basura. A partir de ahí, nos pusimos manos a la obra: diseñamos la forma de la casa en función de los materiales con los que contábamos, y nos pusimos a cortar, lijar, pegar… y a dibujar el nombre de la inquilina (a lápiz porque no encontramos pintura).

Así fue como construimos la casa de Lisa. Para muchos no será perfecta, ni preciosa, ni la mejor casa de perro del mundo. Pero para nosotros sí lo es, porque no sólo nos las ingeniamos para reaprovechar TODOS los materiales que utilizamos, sino que además, a Lisa le encantó su nueva casita y este invierno será un poquito más feliz.

 

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